Hoy
es el día de la madre y siento la obligación o la responsabilidad de retribuir,
de una manera muy modesta, todo el cariño y entrega que la potranca madre siempre
me ha dado de manera incondicional. Si yo tuviera que enumerar todo lo que le
debo a esta mujer no habría megas ni hojas suficientes que contuvieran esa
lista.
Como
muchos sabrán yo soy santiaguino y vivo actualmente en la bella ciudad de Viña
del Mar, pero toda mi familia y mayor cantidad de amigos vive en Santiago. Esta
situación, a pesar de estar a dos horas de distancia, nos aleja un poco, sobre
todo porque hoy en día lo que menos tenemos es tiempo libre. A que voy con todo
esto, es muy probable que si hoy hubiese podido ir a mi ciudad natal, no estaría
escribiendo este post. Así que de manera muy personal les mostraré el regalo
que hoy le hago a la mujer más especial de mi vida.
Recuerdo
mi infancia, específicamente cuando vivíamos en calle Moneda, Barrio Brasil,
cada día que mi mamá hacía mantecados, hojuelas, galletas de avena o calzones
rotos, éramos tres quienes arrasaban con toda su producción antes de que ella
llegara del trabajo. Esos tres son su hijo menor y un hijo putativo, un amigo
de toda la vida con el que tenemos otro sin número de historias y travesuras, y
yo. La verdad es que no importaba lo que ella hiciera, algunas veces probaba
alguna receta nueva y no le resultaba de la mejor manera, sin embargo, todo lo
que nos preparaba desaparecía en cuestión de minutos. La mano de la Me, como le
decimos de cariño, es especialmente adictiva. Tal vez era que al prepararnos
esas cosas nos entregaba una cuota de cariño a cada uno de nosotros, y ese
cariño lo recibíamos felices y lo queríamos todo de una vez. Debe ser porque
nunca será suficiente el amor de madre que uno pueda recibir.
Dicho
lo anterior, vamos por nuestros mantecados.
Necesitamos 1/2 kilo de harina, 250 grs. de manteca, 80 grs. de azúcar flor, 1a 2 yemas, zeste de un limón y 1/4 de taza de vino blanco. Con estas cantidades debieran salir 12 buenos mantecados.
Lo primero, como profesionales que somos, es pesar todos los ingredientes y desplegarlos, de esta manera será imposible que nos equivoquemos, esto se llama mise en place.
Luego en un bolo mezclaremos con la ayuda de un mezquino o cuchara de palo (recuerden que este utensilio debe ser exclusivo para el uso de pastelería) el azúcar flor, el zeste o ralladura de limón y las yemas (yo utilicé una y media) hasta que se forme una masa.
Luego cerniremos el harina sobre la mezcla anterior y agregaremos la manteca derretida pero no muy caliente.
Seguiremos mezclando y agregaremos el vino blanco.
Seguiremos mezclando y agregaremos el vino blanco.
Ya está listo, son muy sencillos de preparar y como se usa manteca, además son baratos. Un poco pesados pero muy ricos. La gracia, de esta especie de galletón, es que se puede conservar por mucho tiempo, evidentemente eso en mi casa no ocurría, y dudo mucho que hoy, ahora que tomaré desayuno, me coma sólo uno. Así que olviden lo de la conservación y preparen unos ricos mantecados chilenos para sus mamás, que ellas ya han cocinado mucho para nosotros.
Se merecen un muy feliz día, para mí mamá uno especial recordando sus cariños, y para todas las mamás que puedan leer este post les mando un gran abrazo.